Desde que tengo memoria, mi familia ha sido un enigma para mí. Siempre ha habido un halo de misterio que rodea nuestras conversaciones, nuestras decisiones y nuestras acciones. Como si estuviéramos constantemente ocultando secretos, esperando que alguien descubriera la verdad. Crecí con la sensación de que había algo que no estaba del todo claro, algo que mis padres y abuelos no querían que supiera. Pero nunca me imaginé que la verdad sería tan sorprendente.
Pero lo que más me impactó fue saber que mi familia había estado involucrada en una sociedad secreta, una organización que había operado en las sombras durante siglos, influenciando la política y la economía de América Latina. La carta terminaba con un mensaje críptico, que decía que era hora de que yo asumiera mi papel en la historia de nuestra familia.
Mi infancia estuvo llena de momentos felices, rodeado de mis seres queridos en un hogar cálido y acogedor. Sin embargo, siempre noté que mis padres eran muy reservados cuando se trataba de hablar sobre su pasado. Apenas si mencionaban su infancia, sus padres o sus hermanos. Era como si todo eso hubiera sido borrado de sus vidas. Mi abuela paterna, doña Sofía, fue la única que alguna vez intentó hablarme sobre la historia de la familia, pero siempre de manera críptica, como si temiera que alguien nos estuviera escuchando.